sábado, 8 de noviembre de 2014

Mi admiración para todos ellos

Las ayudas en nuestra profesión puede venir de cualquier lado, algunas las damos por supuesto aunque no siempre es así. 

Cuando encuentras familias que te ayudan en el cuidado de los pacientes, que suman en la estrategia terapéutica resulta fácil y enriquecedor a un nivel a veces indescriptible. 

Es increíble, la capacidad que tiene un cuidador/a, a aprender jerga médica, a controlar técnicas, dosis, posología, medicación. Aprendes tantísimo de ellos.  El aprendizaje de los cuidadores, no depende de su nivel de instrucción, depende principalmente de la voluntad y la buena comunicación que tengamos entre nosotros. 

La lucha que hay en el día a día, para cuidar de los más frágiles. a pesar de los contextos de cada uno, es sorprendente. El sacrificio de tantas vidas, de madres, hijos, hermanos, cónyugues no siempre en el mejor momento, nunca deja de admirarme como forma de amor ( del de verdad). 

El trabajo nuestro cómo médicos de familia, de explicar lo que hacemos, los objetivos, las estrategias, llegar a pactos, formar y dar el apoyo necesario a estas familias es imprescindible. A veces es complejo llegar a todo eso por problemas de comunicación, miedos, creencias y conflictos internos.

Llegar a este punto,  de pactar una estrategia común, de que cada uno tenga sus propias tareas y respetar y reconocer el trabajo de cada uno es belleza en estado puro. Porqué tan o más importante, es llevar un helado de leche merengada como poner una nebulización o una sonda naso-gástrica. Todo suma, todo ayuda y eso es lo que supone una buena calidad de vida.  Los pacientes me da la sensación que lo viven de una forma inmejorable. 

Este post, es mi más profunda admiración, para todas esas familias y formas de amor, anónimas en las estadísticas, pero que todos los médicos de familia, recuerda por sus nombres de pila. Para todos esos trabajadores no remunerados en el cuidado de los frágiles. Aquellos magníficos ayudantes, aprendices, compañeros de este hermoso acto que es cuidar a los que lo necesitan. 



"lo que sorprende sorprende una vez, pero lo que es admirable lo es más cuando más se admira"  Joseph Joubert 

domingo, 2 de noviembre de 2014

Confidencialidad

Esta última temporada he estado ejerciendo en los extremos de la vida… cosas que hace un médico de familia. 

He atendido a veteranos y a recién llegados a esta aventura que se llama vida. Ambos extremos son dependientes, deben ser tratados con mimo y sumo cuidado, todos ellos con fragilidades por novedad o por obsolescencia programada del ser humano. 

Esta semana hemos tenido un poco de agitación, con el tema de VISC+ y con el nuevo decreto de ICAM las bajas… Todo ello, atenta directamente contra la confidencialidad del paciente. 

Aunque la confidencialidad donde a mi parecer es menos tenida en cuenta, es en esos extremos de la vida. Parece ser que si el paciente no se puede quejar uno se olvida más de lo que significa el derecho a la intimidad y a la confidencialidad. 

En las residencias, parece normal que todo el mundo sepa todo de todo el mundo, que cualquier persona tenga derecho a preguntar por la vida y la salud de los pacientes que en ella viven. Igual que en las guarderias, que se comentan enfermedades y características de los niños a viva voz, como dirigen a padres y/o abuelos al pediatra para un informe conforme ya puede volver a la escuela, porqué ha superado determinada virasis que ellos consideren.

A veces pienso, que si ni las personas en nuestro día a día somos lo suficientemente conscientes de la importancia de la confidencialidad, por la intimidad de los procesos que uno puede desarrollar ¿cómo podemos esperar que nuestros "dirigentes" tengan la más mínima conciencia al respecto? 

En Noruega es  fácil que uno sepa la declaración de la renta  de sus vecinos, porqué es una información pública y transparente. Aquí parece ser que es más fácil que tus vecinos sepan si has pasado la hepatitis B o cual es tu último valor de PSA.

¿Cuántas veces en la sala de espera es transformada en ágora médica, para debatir sobre los tratamientos dolencias y morbi/mortalidad de los vecinos del barrio/pueblo? Quien dice sala de espera, dice peluquería, la cola de la carnicería o del banco o ... En parte esto es cultural, la cultura de opinar ( que da de comer a determinados tertulianos televisivos). 

De nuestra mano está, el dar la vuelta a parte de esa cultura, para proteger a los que no pueden hacerlo ellos mismos. 

"En España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro." Manuel Azaña

jueves, 30 de octubre de 2014

Enamorarse de nuevo.

A veces la medicina de familia es como tener pareja.

Cuando uno decide compartir la vida con otra persona, al inicio todo son ilusiones proyectos y mil cosas. Con la rutina, aquella que todo lo destruye, uno va descafeinando esas sensaciones. Pero entonces llega ese momento compartido, que te hace recordar por qué tomaste esa decisión y que por más descafeinado que parezca tu día a día, resurge un" no se qué , que qué se yo". Eso pasa también en la medicina de familia. 

Cierto es que en el día a día, las agendas, los recortes, las recetas electrónicas, los informes para el ICAM, los spd y toda la pesca…. hacen que las emociones se aparquen, para dejar paso a la eficiencia, las costumbres y las rutinas. Pero hay gente, compañeros, pacientes que tiran de ti, para sacar más y más de ti, cosa que es de agradecer. 

Con la enfermera del cupo, vamos al hospital a ver a los pacientes ingresados cuando salimos del trabajo. Con mi tutora siempre lo habíamos comentado,  mi tutora de medicina rural me consta que lo hacía y yo no lo había hecho nunca. 

Salir de la consulta, no sólo para hacer domicilios de zona, sino para ver el sitio donde tienen cura de ellos cuando precisan más atención de la que se es capaz de recibir en domicilio. Eso elimina parte de la  fantasía que uno gasta en imaginar qué está pasando con cada uno de los pacientes. Se queda mucho más tranquilo, al verlos, al saber que están bien atendidos por compañeros hospitalarios. El paciente lo agradece mucho y familiares y personal hospitalario, muchas veces no entienden bien si es real lo que ven. 

El compromiso con un paciente, va más allá que ser eficiente al derivarlo en el mejor de los momentos. Derivar a un sitio que no sabemos, es enviar a la deriva. Seguir el proceso a su lado, de cerca y que puedan verte ni que sean unos minutos, da un valor añadido no cuantificable. Pero el beneficio para uno mismo, gozar de esa oportunidad de ver muchos procesos en longevidad no tiene precio. Esto me ha vuelto a enamorar de esta profesión con la que convivo cada día. 

"Esta sociedad nos da facilidades para hacer el amor, pero no para enamorarnos" Antonio Gala.

martes, 9 de septiembre de 2014

A la deriva

A veces, determinadas partes de tu trabajo, absorben tu energía poco a poco. Parece impensable, cómo esto va transformando tu día a día. Primero, parece que te da pereza escribir y luego leer,  cuando llegas a casa sólo quieres tener encefalograma plano, progresivamente parece que a una le cuesta despertarse para ir a desarrollar su trabajo y el carácter se agria. Finalmente cobras conciencia que esta parte  ha afectado al resto de parcelas  que adoras.

Es extraño, cómo una parte ínfima puede generar cambios tan grandes en el resto de cosas.

Cobrar conciencia de las cosas dañinas, es importante. Ahora qué hacemos con ellas??¿? Qué posibilidades tenemos de modificar?¿? Tendremos que quedarnos con eso?¿?

Un día un amigo que estaba haciendo un curso de coaching ( esto tan de moda), me dijo que en la vida sólo hay 3 opciones:

         "Love it, change it or leave it"


Identificar qué es lo dañino e intentar cambiar la situación, resulta complejo. Porqué ahora empiezo a entender algunas personas que dan la sensación de anestesiados y no llegas a entender qué les pasa, aquello que no cuadra de la ecuación. Qué difícil es el cambio en cualquiera de sus 3 formatos, cuánta valentía se necesita para ello. 


                   

Qué difícil son esos momentos de deriva previos a la toma de decisiones.


Alguien hace una semana me dijo que era un imperativo profesional, el hecho de seguir escribiendo. Así que aquí estoy intentando retomar este espacio que me encanta.

" el único deber es de deber divertirse terriblemente" Oscar Wilde.


jueves, 22 de mayo de 2014

una estrella fugaz

Hace un año, que terminé la residencia y soy médico especialista en medicina de familia y comunitaria. Los aniversarios siempre me traen momentos reflexivos, sobre qué ha pasado estos últimos 365 dias.
Las personas que se han cruzado por las consultas, las historias que he conseguido seguir de forma longitudinal, los vínculos, las relaciones, las ganancias, las pérdidas…  

Me encanta esta profesión, a pesar que a veces tengamos la cara B de la misma. Tratar con personas, siempre genera muchas emociones, que son complejas de gestionar. 

En este último año, he tenido una fortuna enorme de ver algunos profesionales increíbles.  Hay algunos, que te marcan, dejan huella en tu fuero interno. 

No voy a poner en duda, sobre una buena asistencia sanitaria. Creo que todos los profesionales intentamos hacer lo mejor posible para los pacientes con los conocimientos que tenemos y con los recursos que disponemos. 

Pero hay una serie de personas que son capaces de hacer cosas increíbles con los recursos que tenemos,  sacan jugo de donde no hay. Enfocar cada una de las visitas, consultas como una oportunidad para hacer alguna cosa buena, que mejora el vínculo, que mejora la calidad de vida, y que mejora la supervivencia, eso no sale en ninguna guía de práctica clínica, no consta en ninguna DPO.  Pero da una calidad increíble a cada una de las consultas que tenemos. 

Hay personas genuínas, esencialmente buenas. Que lejos, del concepto de paternalismo, miran más allá de la demanda. Tienen capacidades para ver necesidades, tirar de los hilos y tejer realidades, algunas que se ocultan incluso detrás de lo que el propio paciente es consciente.  

Hay personas que tienen una energía ilimitada para hacer estas cosas, para mi ellos son los héroes de la atención primaria aquellos anónimos, solitarios de consulta, que tienen alguna cosa, que no se puede describir, que no sé si se puede aprender, pero esa es la parte realmente artística de esta profesión. Son los magos de las realidades, del acompañar, del cuidar. 

No sé si esto se gana, se pierde o se transforma en el tiempo. Sólo sé que cuando puedes verlo, es como una estrella fugaz, algo que te deja embobado mirando y pensando sobre la belleza de ese instante. 

Este post tardío y sentimental, va para todos aquellos anónimos de consulta, que día a día, se dejan parte de su piel para ejercer este arte de belleza incalculable. 


jueves, 27 de marzo de 2014

Simpatía vs empatía.

En las dinámicas y la forma de trabajar depende de la actitud que tiene cada uno. 

Cada uno hace lo que puede o lo que quiere, en el trabajo y lleva su compromiso, tan lejos hasta donde esté dispuesto.

Llegar más lejos, no siempre quiere decir mejor. Lo lejos que llegues tendrá sus partes buenas y sus partes malas como en prácticamente todo. Los contextos de las personas ponen límites a cómo de lejos puedas y estés dispuesto a llegar. 

En la situación actual, donde a pesar que estamos llegando al final del túnel y que hay algunos que ven una luz.  

Somos el país de la unión europea con mayores desigualdades el segundo con mayor pobreza infantil
Eso se transforma en muchas ocasiones en demanda en la consulta. Esta demanda, que no sabemos gestionar en muchas ocasiones, el cómo hacer de un problema social a un problema biológico y de ahí a una solución farmacológica.

Me pregunto si ese proceso de  transformación depende en cierta manera de la actitud de las personas, o sólo de la formación.  

Hoy he visto este vídeo, que me ha dado qué pensar.  ¿Qué difícil es ser empático? ¿ Cuanta beneficiencia supone el ser empático y no sólo simpático al paciente? ¿ Tenemos limitaciones en nuestra propia empatía? ¿ Por qué no tenemos formación en ello? ¿ Por qué la solución la ponemos en fármacos que nos desconectan de la realidad? 



"en tu relación con cualquier persona, te pierdes mucho sino te tomas el tiempo necesario para comprenderlos"  Bob Goldston. 

jueves, 27 de febrero de 2014

El mito de la caverna

A veces, tengo la sensación que estamos en la caverna.
Platón describió en su alegoría de la caverna un espacio cavernoso, en el cual se encuentran un grupo de hombres, prisioneros desde su nacimiento por cadenas que les sujetan el cuello y las piernas de forma que únicamente pueden mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Justo detrás de ellos, se encuentra un muro con un pasillo y, seguidamente y por orden de cercanía respecto de los hombres, una hoguera y la entrada de la cueva que da al exterior. Por el pasillo del muro circulan hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectan en la pared que los prisioneros pueden ver. Estos hombres encadenados consideran como verdad las sombras de los objetos. Debido a las circunstancias de su prisión se hallan condenados a tomar únicamente por ciertas todas y cada una de las sombras proyectadas ya que no pueden conocer nada de lo que acontece a sus espaldas.
Hoy en una reunión, dónde estábamos médicos de familia de diferentes sitios de Catalunya, hemos compartido diferentes impresiones. 
La sensación que hay está extendida. 
Los profesionales tienen la sensación de opacidad  de recibir información a cuenta gotas y sin poder decir nada al respeto.  Esa información son esas sombras, que nos llegan desde fuera, simples proyecciones de luz. El objeto real dista de aquello que observamos, y de hecho, no sabemos ni de dónde viene el objeto reflejado. 
También sienten impotencia para poder averiguar la macro-estructura que hay detrás. La impotencia viene a cargo de esas cadenas que nos impiden ver para atrás, ver aquello real de lo que sólo percibimos una sombra de un haz de luz en una pared contrapuesta. 
Los grandes de la primaria, los que iniciaron la reforma, los que vieron pasar de un sistema de beneficiados a un sistema nacional de salud, viven esta época con asombro. Han pasado muchos años luchando para tener una salud longitudinal, universal y mirando por el paciente. Ahora miran cómo todas aquellas cosas que ya superaron y vencieron, vuelven como la ropa vintage. 
Volvemos a tener asegurados, volvemos  a externalizar los domicilios, ahora siempre con nombres distintos, que eso siempre viste más. 
No sé cómo acabará esto, quizás dentro de 30 años, estamos los jóvenes de hoy advirtiendo de los cambios a los médicos del mañana. Yo no sé si mi generación, será capaz de vencer y luchar, cómo se hizo durante los 80.  Sólo se que tengo ganas de romper cadenas. 

"El que no se mueve no escucha el ruido de sus cadenas"